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26/10/2018

El privado de Mikel Santamaría. Pasos secretos que suenan a voces

Muchos de los pasos que se pierden por la bahía de La Concha suelen acabar pisando el suelo de nuestro restaurante. Unos llegan decididos y se encaminan hacia nuestro salón principal, un lugar perfilado por las enormes cristaleras que dan al Cantábrico y por los espejos que las enfrentan y que hacen que, en nuestro restaurante, el mar se tenga siempre de cara… aunque nos sentemos de espaldas a él.

 

Otros pasos, más pausados, terminan pidiendo un café, unos pintxos o un vino en nuestra zona de barra, un espacio con el encanto de pasar un rato agradable mirando al mar o viendo pasar otros pasos que van y vuelven por la bahía.

 

Ambos lugares, cafetería y comedor, tienen el encanto de la luz de Donostia, que entra por las enormes cristaleras y que inundan de claridad natural todos los rincones.

 

Pero hay una pregunta que muchos pasos se hacen y no pocos de los que llegan, nos hacen. Porque al acercarse por la bahía e ir viendo de cerca nuestro restaurante, los pasos se van dando cuenta de que la fachada mantiene un saliente en alto, una terraza corrida y larga, acompañada de nuevas cristaleras que indican que aquello no es un lugar de paso sino, más bien, el final de un camino.

 

Y así es. Arriba, encima del salón y de la cafetería, existe un piso que redondea la oferta de nuestro restaurante. Para llegar a él, los pasos han de encaminarse a las escaleras, donde se encontrarán con dos sorpresas. La primera, al final de los escalones, donde los pasos se frenan ante un gran ventanal. Si se asoman a él, verán que fuera hay todo un corredor dispuesto al aire libre y volcado sobre la bahía de La Concha. Un lujo para mover bien los ojos mientras nuestros pasos descansan.

 

El reservado

 

La segunda sorpresa es nuestro salón privado, nuestro reservado. Un lugar por el que han pisado artistas, cantantes, músicos o deportistas de todo el mundo en busca de un poco de descanso e intimidad… ¿Quiénes son los dueños de esos pasos? Es algo que guardamos con el mayor de los celos aunque, quien nos sigue, sabe dar algún nombre, seguro.

 

Pero este reservado, y su acceso a la terraza, no lo utilizamos solo para pasos famosos, nuestra zona privada es paso abierto para todos. Para el paso seguro, el tranquilo, el más decidido, el paso de fuera y el de dentro, el noble y el más llano. El de todos, para todos y para todo. Celebraciones, reuniones, conmemoraciones, eventos… y bodas, que también celebramos el paso que dan los solteros para ser casados.

 

Así pues, sí, en el piso de arriba hay más pasos y hay más vida. Y por si alguno no se hace a la idea del sitio y de lo privilegiado del lugar, solo hay que mirar las fotos. ¡Disfrutad! Que la vida pasa y, para seguirla… hay que llevar buen paso en el camino.